MasticadoresArchipiélago

Walt Whitman, el mendigo perfecto

El otro día me traje a mi casa a un viejete que se me parecía mucho a Walt, al viejo Walt, al de

Yes here comes my mistress the soul.

Me lo encontré en la parada de metro Avenida de Lexington-Calle 59. Lo de menos era el virus, hacía un frío de tumba ultracongelada y yo venía además hasta arriba de mezclar negronis con destornilladores. Así que se unió todo. Y el parecido, enorme.

Me atreví hasta a sentarlo en el asiento del copiloto, tal era mi tajada. El hombre se quejaba de los servicios sociales y de un casero estúpido y atroz, pero todo muy tenuemente, como si masticara mariposas. No le pude sacar ni una mala palabra de América ni del sistema, así que seguí adelante con lo de que su jeta de Whitman fuera también el alma del poeta, his mistress.

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