FILOSOFIA DEL RECONOCIMIENTO

Pintura de MARINA BERDALET

Pep, solo hay silencio. Y el pudor de no quebrarlo con un gesto irreverente me atenaza. Fue la palabra, esa urdida con prudencia y recato, la que nos unió largo tiempo entre la cafeína y la ironía, la nicotina y la procacidad con las que afrontábamos la vida. Tú, desde esa aparente calma y solemnidad que te caracterizaba; yo, con el descaro al que invita la complicidad que surge con alguien al que sientes bueno. Sé de tu gesto y reacción si pudieses oír este balbuceo que rompe la oscuridad interior que me asola. Y me reconforta recuperar lo más genuino de ti, aunque sea por unos instantes.

Ahora, vivíamos en la distancia y poco sabíamos el uno del otro. Pero sí tenía la certeza de que te sentías amado. Esa convicción y el recuerdo de las horas, los días y los años compartidos reposaban como…

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